Crónicas Terrícolas (IV)
15 Abr, 2024
Tiempo de lectura aprox. :
9 min.
0 votos

Introducción 


(Parte 3)


Todo lo dicho, no es patrimonio exclusivo de Dictadores y Herederos, también se puede aplicar a políticos elegidos democráticamente (en teoría), aunque no hace falta dar nombres, todos sabemos cómo se llaman, y no merece la pena dedicarles ni una línea en este texto.


Hay quienes pueden pensar, que hoy en día es imposible algo parecido a una Catástrofe Atómica, que tantas veces hemos visto en las películas. ¿Pero, alguien puede asegurar con absoluta rotundidad, que eso nunca puede llegar a suceder? ¿Acaso lo de Hiroshima y Nagasaki, no fue aviso suficiente, para comprobar hasta qué punto puede llegar la maldad del ser humano? Ya sé que los más intransigentes en estas cuestiones, tienen justificación para todo, y quieren hacernos creer, que a veces no hay más remedio que matar para evitar muertes, algo que desde el punto de vista práctico puede resultar muy eficaz, pero que moralmente es en realidad algo sórdido, repugnante y vomitivo, aunque se podrían añadir una amplia gama de adjetivos para calificar la crueldad de la acción.


Si después de siglos y más siglos de guerras continuas, los humanos no hemos sido capaces de arreglar nuestros problemas, sin que haya sangre de por medio, es que somos unos alumnos de cero patatero, pues no hemos aprendido absolutamente nada.


Para finalizar, quiero dejar claro que no pretendo ser (bajo ningún concepto) un portavoz de malas noticias, ni el Mensajero del Miedo, tampoco un visionario de esos que advierten de manera repetitiva sobre la destrucción de la creación, ni tan siquiera ese grano en el culo, que supone tener al lado a gente que lo ve todo negro (incluso, hasta en los días en los que luce un sol espléndido), nada de eso soy, tan solo quiero contar en este libro una serie de reflexiones, pensamientos, experiencias y aprendizajes de todo tipo, que dan lugar a un abanico de opiniones (que no tienen por qué ser acertadas, incluso a veces pueden parecer incoherentes, pero son mías y con total libertad las expongo), y que a modo de ensalada mixta de la existencia, voy mezclando, y cuya materia prima me viene de ese eficaz e instructivo proveedor que son los años vividos, que guían el camino de las personas a través de las huellas del tiempo, y con el añadido extra del jugo exprimido de la experiencia aportada por todos y cada uno de ellos, y que en mi caso, superan el medio siglo, ¡que ya es decir, y que no dejan lugar a ninguna clase de duda, de que uno se va haciendo mayor sin remedio, aunque ese es otro tema, que daría con toda probabilidad material suficiente para otro libro.


Y mientras, aquí sigo ejerciendo de habitante del Planeta, sin morir de asco, algo que ante determinadas situaciones que a uno le toca vivir, creo que tiene un mérito enorme.


Así pues, me mantengo como Terrícola Residente, además de Apátrida como ya dije, e INSATISFECHO (como también dije, pero en voz alta).


La conclusión final de todo, es la enseñanza clara y contundente, en el sentido de lo que la experiencia vital te va transmitiendo a lo largo del camino, y es que el recorrido nadie lo va a realizar por ti, tuyas son las piernas que te llevan a seguir adelante, teniendo la palabra avanzar grabada en la mente, y tuyo (y mucho más importante), es el cerebro que las dirige, que las anima a no desfallecer, a no parar, indicándoles siempre la dirección a seguir, que a veces no es la correcta, pero ese ya es otro tema, puesto que nadie nace aprendido .


Primero hay que haber caminado mucho para después evitar equivocarse, o al menos para cometer los menos errores posibles. La sabiduría no está al alcance de todos (incluso sería más apropiado decir que está al alcance de muy pocos) y llegar a ella requiere recorrer un trayecto muy largo, y aunque llegues a ser sabio (insisto, algo ¡harto difícil!), eso no te garantiza la posesión de la verdad absoluta. Pero sí, por lo menos, los millones y millones de pasos que des al cabo de tu existencia (excepto que pertenezcas a esa clase de individuos de desplazamiento lento, que son excesivamente vagos, y sobre todo, más adictos a la dañina inactividad que al siempre dinámico a la vez que saludable movimiento, y coleccionistas de tejido adiposo en su gran mayoría). Con lo cual, la distancia recorrida menguará sensiblemente, es algo parecido a lo que ocurre cuando compras un envase de pescado congelado. Una vez que la magia del calor hace desaparecer el hielo que lo envuelve, y que también se paga, ¡por supuesto!), te servirán para no quedar rezagado en la carrera de la vida. El esfuerzo habrá merecido la pena, lo peor es siempre, quedarse quieto. Si es así, nunca te equivocarás de camino, pero día tras día verás una y otra vez el mismo paisaje y eso puede resultar muy, pero que muy aburrido, incluso es algo que puede llegar a matarte.


Que nadie desprecie, pues, al aburrimiento, ese asesino silencioso, que poco a poco le va robando a las personas, sin que se enteren (ahí está el peligro), sus ganas de hacer cosas, y las despoja de sus deseos y motivaciones para darle rienda suelta a la creatividad que todos los seres humanos llevamos en nuestro interior (en mayor o menor grado). Que les quita la ilusión por conseguir nuevos objetivos y alcanzar estimulantes metas, hasta dejarlos por completo inertes (el conocido modelo estatua) y aparcados como coches obsoletos en el garaje de lo inservible, como un mueble de esos que abundan en casi todas las casas. Y que solo vale para mostrarlo orgulloso a las visitas, aunque lo más habitual, es que su única misión sea la de servir de estorbo, además de superficie de aterrizaje para que el avión de la suciedad, en forma de polvo, se pose sobre él. Y a todo lo dicho, hay que añadirle, por supuesto, (¡pues no puede faltar, ¡estaríamos completamente perdidos sin él!) el sentido del humor (no todo va a ser negativo y triste), que además de aliviarnos del coñazo que nos dan la mayoría de los políticos (y toda una variada gama de individuos sumamente soporíferos, funestos y agoreros, que por desgracia, abundan en la sociedad actual), sirve de aderezo imprescindible que toda buena ensalada existencial necesita para darle a la mezcla el equilibrio y buen sabor necesario para lograr que la filosofía del buen estado de ánimo y el optimismo, prevalezcan siempre por encima de la adversidad.)


"A fin de cuentas, todo es un chiste".


Charles Chaplin


Continuará…


Fran Laviada


Si te gusta el contenido de este texto y quieres leer el libro completo en edición digital (Ebook), aquí lo puedes adquirir:


"El terrícola insatisfecho"


287 visitas
Valora la calidad de esta publicación
0 votos

Por favor, entra o regístrate para responder a esta publicación.

Publicaciones relacionadas
Adimvi es mejor en su app para Android e IOS.